Gloria a Dios en el Cielo





Meditación ante la navidad

¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres amados por el Señor! Son las palabras con las que los ángeles irrumpen ante la «Buena Nueva» que el Ángel porta a los pastores, tan necesitados vivir esperanzados en un mundo en cual la esperanza cada vez se agotaba. 
Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres amados por el Señor! Cantamos hoy con el corazón desbordante de gozo al ver al Verbo Eterno, Inefable revestido de tan humildes ropas: la carne humana. ¡Vestido con nuestro mismo barro! No porque tuviera lastima de nosotros, sino porque su amor hacia nosotros no le impidió arroparse de tan viles despojos y así, darles una dignidad que jamás esperaba el genero humano.
Paz. Es la palabra con la que inicia este reino de Dios, viene a reinar no con la violencia o con la fuerza, como tantos reinos y regímenes han hecho hasta hoy, no. El  Reino que ha iniciado con aquel Sí de la joven de Nazaret, hoy ve su llegada, no entre trompetas y tambores del templo, sino en la humildad de un pesebre, en la tranquilidad de la noche, en los brazos de una madre y un padre, para que veamos que este reino, cual semilla de mostaza, puede ser tomado entre nuestros brazos y acogido en nuestros corazones, pues, ¿Quién ante la ternura de un niño no se conmueve? ¡Nadie se resiste! 
Hoy en la ciudad de David les ha nacido el Salvador.
«Hoy» Ese «Hoy» que no termina, con el cual ha iniciado la salvación del Género humano. En la ciudad de David; es decir, Dios nace en la historia, el Eterno, aquel que no se ubicaba en las categorías de espacio y tiempo, hoy, asumiendo la natura humana toma parte de la historia, y de la historia de un pueblo, de una cultura, para mostrar que todo en el hombre se puede redimir y salvar. 
Nos ha nacido el salvador, aquel que han esperado desde Abraham hasta el justo San José… aquel de quien los profetas se gozaban de ver «Aquel Día», nosotros lo vemos Hoy, no grande y terrible, no con la espada y la venganza; lo vemos pequeño y tierno, entre pañales y  amor; así viene esta nueva era, la era del reino de Dios, pues así conquistará nuestros corazones, solo así, y aun habrá quien se resistirá a este reino, llamándolo blasfemia o herejía. 

Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres amados por el Señor! Lo repito una vez mas, porque eso es lo esencial en estos días en los que la paz es buscada en tantas cosas: regalos, tecnología, salud… en estos días en los que la paz nos a sido robada por una cosa diminuta como un virus… en estos días en los que al vernos afectados por este virus hemos perdido quizá a un ser querido, veamos esa pequeña cuna, en ese establo y ante este pequeño niño, verdadero hombre y verdadero Dios, pongamos todo aquello que nos turba el corazón.

En este año en el que la figura de San José, principal protector de la Iglesia nos acompaña, pidamos a él su protección y su intercesión, que este humilde carpintero a quien el Señor le confió el custodiar su familia, nos ayude a acoger en nuestros corazones a Jesús a amarlo como él lo amó, en el mas pequeño de nuestros hermanos. 
María, mujer del Sí, madre del Redentor, virgen fecunda… ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar, recibe el saludo de Gabriel y ten piedad de nosotros pecadores. 
Amen. 






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